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VIII
—¡Es increíble! —en esta recta se venden animales vivos, de corral, patos, conejos, palomas, cuyes, pavos, marranos, chivos, carneros, parece una mini-sucursal del arca de Noé. Todos los animales en jabas de madera con enmallado de alambre...galvanizado, arrojando sus desperdicios, que fluyen al piso y chapoteando por la gente al caminar los mezcla con el barro de la mañana, la garúa aún no perdona y sigue cayendo. Apilarse una sobre otra, las jabas, hasta casi llegar a tocar la punta inferior del escudo del colegio, descolorido por el sol y las varias manos de polvo que el tiempo le ha impuesto. Sí, pensar que en medio de este lugar ruidoso por naturaleza y oloroso por necesidad, el Ministerio de Educación tenga en el segundo piso de esta recta del Mercado, un colegio, ya me imagino que la idea fue tener una educación a la mano para los hijos de los comerciantes, labor dura la de los maestros, trabajar en los altos del Mercado, como debió ser la tarea que se impuso la mamá de Sabino. Recuerdo que a la semana siguiente pude hablar algo con él —¿Ya puedes dormir? —le pregunté a boca de jarro para romper el hielo —Sí, ahora duermo un poco más —y acompañó la respuesta con una sonrisa tímida.
Ese gesto fue la invitación que me permitió seguir...