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La señora tenía una tienda de abarrotes en el Huallaga, era viuda, y con dos hijos, el mayor se dedicaba a recolectar droga para los colombianos y la menor la ayudaba en la tienda. El mayor era un traquetero, mi hermano lo contacto por encargo de sus superiores, para llegar a los narcos que dominaban la zona, y establecer un acuerdo de cupos por ambos lados, como un control, que beneficie tanto a los oficiales como a los narcos, así ellos tendrían la zona controlada y los narcos podían sacar su droga en cantidades estables. Con los contactos hechos, el acuerdo se realizó y su hermano frecuentaba nuestro negocio junto con sus compañeros, con la excusa de recoger productos para la base pero en realidad era el lugar donde se dejaban las fechas y horas, cuando podían pasar las avionetas sin que los radares las detecten. Y a cambio ellos dejaban los planos de los sitios que podían golpear, pozas de maceración o campos de cultivo que no tenían buenas relaciones con los colombianos. Fue así como su hermano y mi hija se enamoraron, ella era su correo.
>--Doctor no crea que vengo a pedirle dinero o cosa parecida, la niña no lleva su apellido, sólo que creo, que usted debe estar al tanto de la situación ahora que el finadito de su hermano ya no esta con nosotros y que pueda verla de vez en cuando por si tiene algún problemita, usted sabe, como ahora con su nariz.--- cosa que me pidió con un aire conciliador y sereno.
>--¿Y la mamá de la niña?--- me atreví a preguntar, tal vez con el oculto ánimo de conocerla.