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de camiones que ingresaron esa madrugada, o tal vez al “Rey de la cebolla”, controlando él mismo, al pie de la balanza romana, con libreta en mano, descargar los camiones, en una tarea hecha a pulso, por una fila de cargadores recios y sudorosos, que laboran toda la noche. Todos aquí, concientes o inconscientemente, sin importar edad, sexo o fortuna, ya sea desde el más encumbrado, hasta el más humilde, amamantados por una tradición oral, comparten un recuerdo ancestral, que desarrolla un sentimiento visceral, un respeto a lo desconocido, o tal vez, peor aún... a lo ya conocido, todos aquí... “temen a los brujos”.