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esposados a la espalada y sin resistencia, subimos varias escaleras y sólo alcanzo a ver los pies de la gente, al llegar a un pasadizo, mi corazón se desboca y no tengo fuerzas, hay más policías esperándonos, ingresamos a una sala contigua al auditorio, me llevan directo a una esquina, colocándome contra la pared, con la cabeza mirando a mis pies, veo el número que me ha tocado, no sé lo que significa, recuerdo que un amigo me dijo que el número que llevaba Abimael Guzmán era la fecha del aniversario de la Policía de Investigaciones. Llega hasta mis oídos los parlantes pidiendo en voz alta, orden a los periodistas de medios presentes, el ajetreo se siente, ya salieron otros detenidos, uno por uno los oigo gritar consignas de lucha armada, comienzan a llamarnos desde la puerta, ahora me escoltan dos agentes de terno y lentes oscuros, tengo nauseas, oigo mi nombre y cierro mis ojos, ya es mi turno.