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Para mí, la vida danzaba con la monotonía del reloj, gracias a mi profesión, Médico Cirujano y con una clientela heredada de mi padre, que durante 30 años –debo decirlo, que en algunos casos casi rozaba el apostolado- cultivó con acierto y paciencia entre los vecinos del jirón Humboldt en el distrito de La Victoria. Todo lo tenía resuelto, sólo había que cumplir con una de las tradiciones del barrio, que reza debajo de mi nombre:
Horario de Lunes a Sábado
Mañanas: 8:00 AM - 1:00 PM
Tardes: 4:00 PM - 8:00 PM
La vida así dispuesta nos arropa en hábitos y ritos, cosas que se derivan de nuestra profesión y sus horarios, hay pues en este universo de actividades un cielo despejado donde todo ocupa un lugar con sentido y justificación. Teniendo por norte el bienestar de nuestros hijos, su educación y formación a cargo de una compañera que sincronice perfectamente -como es mi caso- con esta ruta de vida. Como ejemplo le diré que uno de los hábitos que guardo desde niño, es traer a mis pequeños hijos al consultorio, por lo menos un sábado por la tarde al mes, como lo hacia mi padre con nosotros –mi hermano y yo- en la sapiencia que viendo su rutina de trabajo, atendiendo en consulta, prendería en el terreno fértil de la natural admiración y respeto por el padre, una inclinación a la medicina.