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hacia más difícil el camino hacia lo que yo consideraba mi éxito personal aquí en la capital. Una noche en el trabajo, unos clientes conocidos, que siempre llevaban trabajos para la selva, me mostraron unos billetes de veinte dólares y me dijeron si podían pagar con eso, yo les dije que sólo el dueño estaba autorizado a recibir el dinero, a lo cual, ellos se rieron porque eran falsos y agregaron ---son dólares colombianos--- que a ellos los habían engañado también pero que pensaban en hacer igual, que pagarían en la selva con dólares, que ellos distribuirían entre los campesinos y mineros, ya tenían las máquinas y un contacto en la selva, que no habría peligro porque todo lo que se imprimiera, saldría para la frontera con el Brasil, por Madre de Dios, para comprar oro.
Estuve 16 meses embarcado en el proyecto, entregado día y noche a la fiebre de obtener dinero fácil, pudimos conseguir los insumos necesarios, para lo cual tuve que viajar hasta Colombia, por el papel moneda que se vendía en el mercado negro. Fabricamos dos lotes y, claro está, a todos nos fue muy bien, por un corto tiempo fue así.
Nunca supe como dieron con nosotros, pero la noche que nos detuvieron fuimos directo a los calabozos de la policía de investigaciones, en la avenida Alfonso Ugarte, el local era conocido como “El Sexto” y a media noche ya colgaba de una polea, con los brazos cruzados por la espalda, ¿si hubiera pesado más?, tal vez mis hombros se hubieran desarticulado..., sujetados con cinta de embalaje mis extremidades, para que no patee, ni deje huella, tenia