Veinte céntimos
Embargado por mis preocupaciones, se cuelan en mi oído fragmentos de la explicación del padre, de como llegó a determinar el sitio exacto del bautizo, y sólo asiento automáticamente cada cierto tiempo. En su lógica irrebatible, asocia el nacimiento, en Quincemil, un pueblito en ceja de selva, y pasajes de la Biblia...
—El resultado de la biopsia está para este viernes, con este ticket celeste lo reclama —me lo dice la secretaria al entregármelo.
—El sobre es para su médico, él le va ha informar con detalle —agrega la secretaria luego de darme el cambio.
Oigo de los cuarenta días en el desierto, los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto, las cuarenta semanas de gestación. Me lo imagino haciendo los cálculos cartográficos, sobre la base de los versículos, para la determinación del lugar exacto, y su conmoción al comprobar que no se acercaba a ningún río, ni arroyo, ni nada que se le parezca, y de telón de fondo, el cascabelear de la pandereta y un coro.
No hay duda, se saben la letra... pero no es mi música, y en un punto final común a todos, el padre termina su monólogo, el canto se apaga, y mis divagaciones mentales se hunden. Bajo la velocidad para simular una falla y así poder estacionar mientras me injurian con sus bocinas. Miro por el retrovisor para orillarme sin problemas en el sitio que me señala el índice del padre y antes de pasar por debajo del puente, estaciono mi taxi. Todos bajamos del lado izquierdo, al asfalto abandonado y a medio construir, con la...